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Fotografía de boda documental: qué es y por qué cada vez más parejas la eligen

14 oct
8 min de lectura




Cuando una pareja empieza a buscar fotógrafo para su boda, es bastante habitual encontrarse con palabras como fotografía documental, fotografía natural, fotografía espontánea, fotografía emocional o fotografía de autor.


Pero ¿qué significa realmente todo esto?


La fotografía documental de boda es una manera de contar lo que sucede durante vuestro día intentando que las fotografías sean, ante todo, un reflejo de lo que realmente ocurrió.

No se trata de que vosotros sepáis posar.


No se trata de repetir constantemente momentos.


Y tampoco significa que el fotógrafo tenga que desaparecer completamente y limitarse a disparar desde lejos.


Se trata de observar, anticiparse y contar vuestra historia de una manera natural, interviniendo cuando sea necesario y dejando que las cosas sucedan cuando no lo sean.

Y precisamente por eso es un estilo que cada vez encaja con más parejas.



¿Qué es exactamente la fotografía documental de boda?


La fotografía documental busca contar una historia a través de momentos reales.


El fotógrafo observa lo que sucede y trata de capturar emociones, gestos, relaciones y situaciones que ocurren de manera natural.


En lugar de construir constantemente una escena para fotografiarla, se intenta encontrar la fotografía dentro de lo que ya está sucediendo.


Una mirada.

Una carcajada.

Un abrazo.

Un momento de nervios.

Una conversación.

Una lágrima.

La reacción de un invitado.

Un pequeño gesto entre vosotros que quizá nadie más vio.


Todo eso forma parte de una boda.


Y todo eso puede formar parte de vuestro reportaje.




¿Significa que no vais a posar en ningún momento?


No necesariamente.


Y esta es una diferencia importante.


Fotografía documental no significa que el fotógrafo tenga prohibido daros cualquier indicación.


De hecho, creo que una pequeña dosis de dirección puede ser muy útil.


Especialmente durante la sesión de pareja.


Si nunca habéis hecho una sesión de fotos, es normal que no sepáis qué hacer cuando alguien os dice: "Ahora poneos aquí y miradme."


La solución tampoco tiene que ser dejaros completamente solos.


Un buen fotógrafo puede ayudaros.


Puede proponeros caminar.


Hablar.


Miraros.


Acercaros.


Cambiar de sitio.


Aprovechar una determinada luz.


Y poco a poco conseguir que dejéis de pensar en la cámara.


La diferencia está en que esas indicaciones deberían servir para que seáis vosotros mismos, no para convertir cada fotografía en una pose artificial.




Documental no significa estar escondido detrás de una cámara


A veces se entiende la fotografía documental como una fotografía completamente pasiva.


Como si el fotógrafo tuviera que permanecer a veinte metros de distancia durante toda la boda.


No tiene por qué ser así.


Un fotógrafo documental tiene que estar muy atento.


Tiene que saber dónde colocarse.


Anticiparse.


Moverse.


Entender lo que está a punto de ocurrir.


Y, en determinados momentos, intervenir.


La clave está en saber cuándo hacerlo y cuándo no.


Durante una ceremonia, por ejemplo, puede ser mucho más importante observar y esperar que intentar crear una fotografía.


Durante una sesión de pareja, en cambio, quizá necesitéis algo más de orientación.


La experiencia está precisamente en saber diferenciar cada situación.




¿Qué diferencia hay entre fotografía documental y fotografía tradicional?


No existe una única manera correcta de fotografiar una boda.


Cada fotógrafo tiene su estilo y cada pareja tiene sus preferencias.


Pero podemos simplificar bastante la diferencia.


En una fotografía más tradicional o posada, el fotógrafo suele tener un papel más activo.


Puede organizar a las personas, colocar a la pareja, controlar las posiciones y construir la fotografía antes de hacerla.


En un enfoque documental, el fotógrafo intenta que una mayor parte de las imágenes surjan de lo que está ocurriendo.


No significa que una opción sea mejor que la otra.


Simplemente cuentan la boda de una manera diferente.


Por eso es importante que antes de contratar a un fotógrafo os preguntéis:


¿Cómo queremos recordar nuestra boda?



Una boda no es una sesión de fotos


Esta es una de las razones por las que me gusta la fotografía documental.


Vuestra boda no debería convertirse en una sucesión de fotografías.


Tenéis que casaros.


Celebrar.


Hablar con vuestra familia.


Reíros con vuestros amigos.


Comer.


Bailar.


Disfrutar.


Y hacer todas esas cosas sin estar constantemente pensando en dónde está el fotógrafo.


El trabajo del fotógrafo debería integrarse dentro de la celebración.


Estar cerca cuando tenga sentido.


Apartarse cuando sea necesario.


Y aprovechar los momentos que suceden mientras vosotros estáis viviendo el día.




Las fotografías que no sabíais que iban a ocurrir


Una de las cosas más bonitas de este tipo de fotografía es descubrir momentos que vosotros no visteis.


Porque durante vuestra boda vais a estar pendientes de muchas cosas.


No podéis estar al mismo tiempo hablando con vuestros amigos, mirando a vuestra familia y viendo qué ocurre al otro lado del cóctel.


El fotógrafo sí puede hacerlo.


Puede estar atento a vuestro padre emocionándose.


A dos amigos abrazándose.


A vuestra abuela hablando con alguien.


A un grupo de amigos riéndose.


A una mirada entre vosotros mientras pensáis que nadie os está viendo.


Y meses después podéis encontrar esas fotografías en vuestra galería.


Ese tipo de imágenes tienen un valor especial.


Porque no son simplemente fotografías bonitas.


Son recuerdos que vosotros no sabíais que estabais viviendo.





La naturalidad no está reñida con la estética


Esta es otra idea importante.


A veces parece que existen dos extremos:

Fotografía documental y fotografía bonita.


Como si una fotografía espontánea tuviera que ser necesariamente imperfecta.


No estoy de acuerdo.


Una fotografía puede ser completamente natural y, al mismo tiempo, estar cuidada.


La composición importa.


La luz importa.


El momento importa.


El fondo importa.


El encuadre importa.


Y también importa saber cuándo apretar el disparador.


Que una fotografía sea espontánea no significa que tenga que estar hecha de cualquier manera.


El objetivo es conseguir que la imagen tenga estética sin perder la verdad del momento.



¿Y si somos tímidos delante de la cámara?


De hecho, la fotografía documental puede ser especialmente interesante para vosotros.


Si os incomoda posar, probablemente no queráis pasar vuestra boda siguiendo instrucciones continuamente.


Y es perfectamente normal.


No todo el mundo disfruta delante de una cámara.


Un fotógrafo con experiencia debería saber trabajar con diferentes tipos de personas.


Con parejas muy naturales.


Con parejas tímidas.


Con personas extrovertidas.


Con quienes se olvidan de la cámara en treinta segundos.


Y con quienes necesitan un poco más de tiempo.


No hace falta que sepáis posar.




La sesión de pareja también puede ser natural


Que vuestra boda tenga un enfoque documental no significa renunciar a tener fotografías bonitas de vosotros dos.


Todo lo contrario.


La sesión de pareja puede convertirse en uno de los momentos más bonitos del día.


La clave está en no plantearla como una colección de poses.


Podéis caminar.


Hablar.


Abrazaros.


Pararos en un lugar bonito.


Aprovechar la luz del atardecer.


Y simplemente estar juntos.


El fotógrafo puede intervenir lo suficiente para que la situación funcione, pero sin intentar controlar cada movimiento.


Así las fotografías pueden tener una estética cuidada y, al mismo tiempo, seguir pareciendo vuestras.



El fotógrafo tiene que saber desaparecer


Hay momentos en los que estar cerca es importante.


Y otros en los que lo mejor que puede hacer un fotógrafo es pasar desapercibido.

Durante un abrazo familiar.


Mientras alguien pronuncia unas palabras importantes.


En una conversación privada.


Durante determinados momentos de la ceremonia.


O simplemente cuando vosotros estáis disfrutando de vuestros amigos.


La cámara no debería convertirse en protagonista.


El fotógrafo está ahí para contar lo que ocurre, no para convertirse en parte del acontecimiento.




Pero también tiene que saber cuándo intervenir


La otra cara de la moneda es igual de importante.


Hay situaciones en las que una pequeña intervención puede mejorar mucho el resultado.


Por ejemplo, durante los preparativos puede ser útil colocar algún elemento de manera diferente.


Durante la sesión de pareja puede ser necesario buscar una luz determinada.


O quizá haya que ayudaros a encontrar unos minutos tranquilos porque el día está pasando demasiado rápido.


No creo que el fotógrafo tenga que ser completamente invisible.


Creo que tiene que ser discreto cuando la situación lo pide y útil cuando realmente hace falta.




¿Es un estilo adecuado para todas las parejas?


Probablemente no.


Y eso es bueno.


No todos buscamos lo mismo.


Si queréis un reportaje muy dirigido, con muchas fotografías posadas y una planificación muy precisa de cada imagen, quizá otro estilo encaje mejor con vosotros.


Si, en cambio, queréis disfrutar de vuestra boda sin tener que estar pendientes de la cámara y os gustan las fotografías naturales, probablemente la fotografía documental tenga mucho sentido.


La clave no es elegir el estilo que está de moda.


Es elegir el que representa mejor vuestra manera de ser.





Cómo saber si un fotógrafo realmente trabaja de forma documental


Aquí os recomiendo algo muy sencillo: pedidle que os enseñe una boda completa.


No solamente sus diez mejores fotografías.


Una boda completa.

Preparativos.

Ceremonia.

Familia.

Amigos.

Cóctel.

Sesión de pareja.

Banquete.

Fiesta.


Ahí es donde realmente podréis comprobar cómo trabaja.


Fijaos en si las fotografías parecen momentos reales.


Si las personas están cómodas.


Si existe variedad.


Si hay emoción.


Si el fotógrafo sabe contar momentos pequeños además de los grandes acontecimientos.

Y si el conjunto tiene sentido.


Porque cualquiera puede tener una fotografía espectacular.


Lo difícil es contar una boda completa.





La fotografía documental también requiere mucha experiencia


Puede parecer que fotografiar de manera espontánea es simplemente dejar que ocurran las cosas.


En realidad, requiere mucha atención.


El fotógrafo tiene que estar constantemente observando.


Pensando en la luz.


Anticipándose.


Buscando diferentes perspectivas.


Leyendo las situaciones.


Y tomando decisiones en cuestión de segundos.


No hay una segunda oportunidad para repetir determinados momentos.


Una mirada dura un instante.


Una lágrima puede desaparecer.


Un abrazo sucede una sola vez.


Por eso la experiencia tiene tanto peso en este tipo de fotografía.





¿Por qué estas fotografías envejecen tan bien?


Quizá una de las mayores ventajas de la fotografía documental es que no depende tanto de las tendencias.


Las modas cambian.


Los filtros cambian.


Las poses cambian.


Las formas de editar cambian.


Pero una fotografía que recoge una emoción real tiene muchas posibilidades de seguir teniendo sentido dentro de veinte o treinta años.


Porque lo que recordaréis no será únicamente cómo estaba editada.


Recordaréis a la persona que aparece.


El momento.


El lugar.


La emoción.


Y todo lo que ocurrió alrededor.





Fotografiar vuestra boda sin convertirla en un espectáculo


Creo que esa es, en realidad, la esencia de la fotografía documental.


No intentar fabricar una boda perfecta para las fotografías.


Fotografiar la boda que realmente estáis viviendo.


Con sus nervios.


Sus risas.


Sus pequeños imprevistos.


Sus momentos tranquilos.


Su gente.


Y todas esas cosas que hacen que vuestra boda sea vuestra.


Porque cuando volváis a ver las fotografías dentro de muchos años, probablemente no queráis recordar una versión perfecta de aquel día.


Querréis recordar cómo fue realmente.





Si buscáis fotografía documental de bodas en Madrid


Mi manera de trabajar parte precisamente de esa idea.


Me gusta observar y dejar que las cosas sucedan, buscando fotografías naturales pero cuidadas, con atención a la luz, la composición y los pequeños detalles.


Y cuando considero que necesitáis un poco de ayuda, os doy indicaciones para que os sintáis cómodos, especialmente durante la sesión de pareja.


No espero que sepáis posar.


Tampoco quiero que paséis vuestra boda pendientes de mí.


Quiero que disfrutéis.


Que estéis con vuestra gente.


Que viváis lo que está pasando.


Y mientras tanto, estar atento para contar vuestra historia.


Porque para mí, una buena fotografía de boda no es simplemente una fotografía bonita.


Es una fotografía que, cuando la volvéis a mirar años después, os devuelve exactamente a ese momento.


Si estáis preparando vuestra boda en Madrid y sentís que esta forma de entender la fotografía encaja con vosotros, podéis escribirme y contarme un poco sobre vuestro día.


Estaré encantado de conoceros y enseñaros cómo trabajo.

 
 
 

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